IMPERIO BIZANTINO

Historia de Bizancio enfocada principalmente en el período de los Comnenos

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La Cisterna de la Basílica: Yerebatan Sarnıcı.

Posted by Guilhem en agosto 13, 2012

La cisterna de la Basílica: Yerebatan Sarnıcı.

Acceso:

La Cisterna de la Basílica, conocida también como Yerebatan Sarnıcı o “The Sinking Palace”, se encuentra emplazada en las adyacencias de Santa Sofía, a escasa distancia del antiguo solar ocupado por el Hipódromo y a muy pocos metros del Punto Cero o Million. Para acceder a ella hay que tomar la calle homónima (Yerebatan Cadessi) si el visitante llega procedente de la avenida Ankara, que corre perpendicular hacia el Oeste, o bien acceder desde la zona de la Espina, al Este. El horario de visitas es de 9:00 a 17:30 horas, todos los días, y, por tratarse de un museo, hay que pagar una entrada muy accesible. La cisterna se encuentra a unos seis metros bajo tierra (el visitante debe descender por 52 escalones de piedra), por lo que en verano, cuando las temperaturas en la ciudad trepan a agobiantes 35 grados (28º de media para el mes de agosto), la visita al sitio se torna placentera debido a la frescura de su atmósfera. Tanto más por cuanto las instalaciones incluyen un simpático bar ideal para hacer un alto en procura de descanso.

Plano de acceso a la cisterna.

Un poco de historia:

En el período fundacional de la ciudad, esto es bajo el reinado de Constantino I el Grande y después (siglos IV y V), sobre el actual solar de Yerebatan se encontraba la estructura de una basílica de donde la cisterna tomaría su nombre luego de su construcción en el siglo VI. Mientras que a nivel de la superficie un complejo que incluía dicha iglesia, además de biblioteca, auditorium y universidad, convocaba a inquietos estudiantes a disertar sobre las más diversas ciencias, debajo, una pequeña cisterna servía para almacenar agua para eventuales tiempos de carestía. Corría la segunda mitad del siglo IV y la ciudad recién estaba dando sus primeros pasos en tanto que nueva capital imperial. No sería sino Justiniano I el Grande (527-565), con su majestuosos programas edilicios, quien cambiaría de manera definitiva la fisonomía de la urbe, tanto a flor de tierra como debajo de ella. La vieja cisterna, que obviamente estaba incluida en dichos proyectos, comenzaría a ser ampliada hacia el año 532.

Guilhem en la cisterna de la Basílica, Yerebatan

Nuevas zanjas fueron cavadas para dar mayor capacidad de almacenamiento al viejo recinto abovedado. Mientras se encofraba la estructura, se echó mano a los acueductos existentes para traer agua del bosque de Belgrado, ubicado extramuros, a unos 19 kilómetros de distancia. Entretanto, para sostener el techo de la gran cisterna se plantaron centenares de columnas de diversa procedencia y por tanto recicladas, cuyos capiteles “morían” en la base de arcadas de ladrillo y de brillantes losas que soportaban la plaza erigida sobre el nivel del suelo.

Yerebatan se anuncia al turista tal como St. Sofía.

El destino original tanto de la gran cisterna como de las instalaciones construidas en el exterior se respetó a rajatabla mientras la capital vivió sus mejores años de gloria. No obstante, a partir del siglo X, el deterioro originado por el simple paso del tiempo comenzó a hacerse notar y ya con la conquista de Constantinopla por la Cuarta Cruzada (1203-1204), el mantenimiento del complejo cedió paso a la desidia y el abandono. Su estado de deterioro y dejadez era tan abrumador hacia 1453, que los turcos otomanos apenas notaron la existencia del edificio, al que prefirieron dejar descansar en el olvido. Sería recién hacia mediados del siglo XVI cuando Petrus Gyllius (Pierre Guilles, 1490-1555), un científico y topógrafo francés comisionado por el rey Francisco I, advertiría a las autoridades otomanas sobre la monumental mole que dormía el sueño eterno bajo las calzadas próximas a los restos del Million. Petrus logró dar con el arruinado sitio de una forma casi cómica… los residentes de las casas contiguas aseguraban poder obtener agua fresca y buena pesca a partir de grietas u hoyos cavados entre los cimientos de sus casas. Así pues, antorcha en mano, el topógrafo francés se deslizó a través del patio de una antigua casa de madera y después de descender por una serie de peldaños de piedra, halló un recinto amplio casi totalmente inundado. Acto seguido, recorrió el acuífero en un bote tomando medidas y asegurando algunas columnas, todo lo cual llevó a papel en un plano con el que impresionaría a sus colegas en Occidente. Sus trabajos tendrían gran difusión luego de ser publicados y atraerían nuevamente la atención de las mentes ávidas de conocimiento por todo aquello relacionado con Bizancio.

Capiteles dóricos y columnas de 1 y 2 piezas

Tiempo después,  los sultanes intentarían  reacondicionar el sitio sin éxito (siglos XVIII y XIX); el primero en ocuparse seriamente del tema fue Ahmet III (1703-1730), quien en 1723 comisionó al arquitecto Mehmet Agha, procedente de Kayseri (la antigua Cesarea Mazacha), para ponerse al frente de la empresa. Casi a finales del siglo XVIII, Abdul Hamid II (1876-1909) haría lo propio, aunque sin lograr avances significativos. Con todo, no sería sino hasta  1920 cuando se permitiría el ingreso a los visitantes. Luego, en la década de 1930 el agua existente fue desecada hasta niveles ínfimos con lo que la majestuosidad del lugar pudo apreciarse en toda su dimensión. Entre 1955 y 1960 ocho de las columnas emplazadas frente a la pared nor-oriental de la cisterna estuvieron en riesgo de colapsar a raíz de trabajos en el exterior, mas el problema se solucionó reforzando las enclenques estructuras mediante una capa de hormigón espeso. Nuevas obras de restauración fueron emprendidas hacia 1985 por la municipalidad metropolitana de Estambul, y recién el 9 de septiembre de 1987, tras largos y pacientes trabajos, el lugar fue nuevamente abierto al público. En los casi dos años que tomó la restauración definitiva se extrajeron unas 50 mil toneladas de barro del lugar, mientras se construían pasarelas de madera y metal para servir de paseo entre el bosque de columnas.

Museo de arte turco e islámico, muy cerca de Yerebatan.

Algunos datos arquitectónicos:

La cisterna mide aproximadamente 70 metros de ancho por 140 de largo y en sus mejores momentos llegó a tener una capacidad de almacenamiento de 100 mil toneladas de agua. El domo cubre una superficie de unos 9800 metros cuadrados y está soportado por 336 columnas de mármol, cada una con una altura de 9 metros. Las mismas se hayan esparcidas en doce hileras de 28 columnas cada una (más o menos), separadas una de otra por una distancia de cuatro metros y noventa centímetros, lo que conforma un verdadero bosque de mampostería finamente trabajada. Las columnas no son uniformes: una inspección detallada permitirá descubrir que una tercera parte de los capiteles son de estilo corintio (98 aproximadamente). El resto son jónicos y una muy escasa proporción, dóricos sin ornamentar. En su gran mayoría las columnas se encuentran conformadas por una sola pieza de piedra, salvo algunas pocas que contienen dos cuerpos. Entre las bases de las columnas destacan principalmente dos con forma de cabeza de Medusa que algunos estudiosos sindican con partes o restos del foro de Constantino I y que en todo caso son el fiel exponente de la escultura monumental romana. Una de ellas se encuentra colocada cabeza abajo mientras que la otra descansa a su lado, estando ambas situadas en la esquina nor-occidental del complejo. La cisterna está contenida por una pared perimetral de ladrillo de 4 metros de ancho. Entretanto, todo el peso del techo del edificio se haya distribuido en las columnas que lo soportan, por medio de bóvedas y arcos.

Además del bosque de columnas, espléndidamente iluminado por medio de focos intermitentes que hacen predominar los tonos ocres, pardos y rojizos, la atracción secundaria son los peces que proliferan en sus aguas. El nivel acuífero se mantiene debido a que el líquido elemento aún resuma por el techo. Pese a la característica fantasmagórica del lugar, la magnificencia del lugar da al turista la impresión de estar recorriendo un verdadero palacio bajo tierra (de allí también su nombre: Yerebatan Saray).

El mito de la Medusa:

No se ha podido establecer con precisión el lugar de procedencia de las cabeza de Medusa si bien, como ya se ha indicado anteriormente, algunos investigadores sostienen que son partes residuales del viejo foro de Constantino I que fueron recicladas para cumplir una nueva función dentro del perímetro de la gran cisterna: hacer las veces de pedestales de columnas y así es como hoy se las puede apreciar.  No obstante, dicho punto de vista no obsta la introducción de sendos mitos relacionados con las cabezas de Medusa. Uno de ellos dice que la Medusa era una de las tres hermanas del gigante subterráneo de Gorgona. De entre las mismas, solo la Medusa tenía el poder de transformar en piedra, esto es petrificar, a la gente que la mirase a los ojos. Sobre la base de dicho mito es que otros estudiosos han optado por otra teoría mucho más sugestiva: dado que en el pasado las pinturas o esculturas de la Gorgona se empleaban para proteger construcciones monumentales, fue en virtud de ello que las cabezas de Medusa fueron introducidas en la Cisterna de la Basílica.

Medusa: la influencia del mito de la Gorgona

Pero hay más: según otro cantar, la Medusa era una mujer joven, muy orgullosa de sus ojos negros, largo cabello y preciosa apariencia física. Por mucho tiempo dicha joven había estado enamorada de Perseo, el hijo de Zeus. En simultáneo, la diosa Atenea también había fijado su atención en Perseo y comenzó por ende a sentir celos de la susodicha beldad. Mortificada por semejante competidora, la diosa se decidió a convertir el cabello de la joven en un enredo de serpientes. Pero el terrible castigo no quedó alli para Medusa; a partir de entonces, quien además tuviese el tupé de mirarla, acabaría convertido en piedra. Perseo le terminaría cortando la cabeza, la que emplearía para derrotar a continuación a sus propios enemigos empleándola tal como antes lo había hecho su antigua dueña. A partir de entonces los mangos de las espadas bizantinas comenzaron a forjarse con figuras de medusas que sin embargo se colocaron boca abajo para impedir que quien las observase acabara convertido en el mejor de los casos, en mármol.  Esta es la razón por la que las cabezas de Medusa yacen cabeza abajo en la Cisterna de la Basílica.

Medusa, condenada a verse reflejada en el agua

Por fin, una tercera variedad del mito aseguraba que la Medusa se había convertido en piedra al mirarse en un espejo. De modo que cuando el artista talló la cabeza de Medusa en la piedra, lo hizo en tres diferentes posiciones para asegurarse que ella siempre contemplara su reflejo en el espejo de agua de la cisterna.

Galería de imágenes: Yerebatan.

a) Bosque de columnas.

Columnas corintias (derecha) y dóricas (izquierda)

Capiteles dóricos sin ornamentar

Arcos de ladrillo y techos abovedados

Otra vista de la cisterna desde el paseo

Arcos de ladrillo sustentando el techo

b) Cabezas de Medusa.

Cabeza de Medusa como base de columna

Medusa y fuente de los deseos

Cabeza de Medusa como base de columna

Medusa plantada de cabeza

Lateral de la cabeza de Medusa en Yerebatan

c) Los peces del acuífero.

Los peces nadan a sus anchas en Yerebatan

d) Esparcimiento en la cisterna: el café.

El café de la Cisterna

Información turística:

Yerebatan Sarnıcı

www.yerebatan.com

e-mail: sarnic@yerebatan.com

Phone: (0212) 522 12 59

Adress: Yerebatan C No: 13 34410

Sultanahmet-İstanbul

info@yerebatan.com

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Autor: Guilhem W. Martín. ©

Todos los mapas e imágenes son propiedad de https://imperiobizantino.wordpress.com/

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