IMPERIO BIZANTINO

Historia de Bizancio enfocada principalmente en el período de los Comnenos

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Cruzadas: Período 1097-1212.

Posted by Guilhem en abril 10, 2007

Cruzadas: período 1097-1212.

Primera Cruzada (1097-1099):

Síntesis: Hasta el año 1070 las invasiones turcas del Asia Menor fueron consideradas en Constantinopla como un anacrónico re-acomodamiento de las fuerzas subsistentes en el seno del Islam. Nadie les prestó la debida atención; gobernada por el partido “civilista” (nobleza civil), el Imperio debió aguardar a que un miembro de la aristocracia militar se hiciera cargo del asunto: Romano IV Diógenes. Pero Romano fue completamente derrotado por los selyúcidas en Mantzikert (19 de agosto de 1071) a la vez que traicionado en el fragor de la lucha por miembros del partido rival, personificados por el linaje de los Ducas.

En cierto modo, Mantzikert fue el corolario de la lucha entre la nobleza civil y la aristocracia castrense a la vez que el mayor desastre militar en la Historia del Imperio Bizantino. Su magnitud caló hondo en cada una de las facciones que la utilizaron como excusa para sus enfrentamientos personales. En primer lugar significó la pérdida irreversible del interior de Asia Menor, el corazón territorial de dónde habían salido los mejores soldados campesinos. En segundo término, la burocracia civil, merced a la traición, pudo momentáneamente seguir dictando su voluntad desde el palacio de los basileos. En tercera instancia, el desastre militar vino a representar en el papel el acta de defunción del sistema de themas, stratiotas y campesinos libres, en tanto que formación económica y social predominante. Y, en último término, el trágico desenlace de la batalla fue más que elocuente, al demostrar lo que hacía largo tiempo era evidente: que la autoridad del poder central se desmoronaba a pedazos. Todas devinieron en derrotas definitivas, excepto la de los aristócratas militares. La burocracia civil, al defeccionar en el campo de Mantzikert, había ganado la batalla, pero al mismo tiempo y casi sin notarlo, se había auto condenado al fracaso más concluyente. Porque tan pronto como hubieron recuperado el trono a través de Miguel VII Ducas (1071-1078), los “civilistas” se dieron cuenta que su autoridad había quedado tan fragmentada que tendrían que recurrir a sus odiados enemigos, los aristócratas militares, para conjurar los sucesivos levantamientos que cada tanto sacudirían la ya por demás convulsionada situación interna.

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Cercano Oriente: situación entre 1084 y 1095

En 1078 un nuevo golpe de estado dirigido por los desesperados jefes militares de Anatolia, colocó en el poder a Nicéforo III Botaniates (1078-1081). El triunfo final de la aristocracia militar se lograba a costa de enormes perjuicios: diez años de guerra fratricida, con los diferentes aspirantes al trono bizantino aniquilándose entre sí (Meliseno, Brienio y Basilacio) o contendiendo contra el joven general de Nicéforo III Botaniates (1078-1081), habían demostrado que la paciencia muchas veces era un arma mucho más efectiva que la guerra. Los turcos, que a falta de soldados indígenas habían sido instalados por los propios bizantinos como provisoria guarnición de las grandes metrópolis del Asia Menor, se consagraron a la tarea de conquistarlas desde adentro: Teodosiópolis, Melitene, Neocesarea, Sebastea, Iconio, Cesárea Mazacha, Esmirna, Nicea… la lista era interminable. Hacia 1081, únicamente las ciudades de Trebizonda, Amastris, Sínope y Antioquia y la fortaleza de Castra Comnenon o Kastamuni, permanecían en poder de los bizantinos. La rápida conquista turca de Anatolia y el sugestivo silencio con que se la había conseguido, delataban la complicidad involuntaria de los necios gobernadores militares y de los dunatoi de los themas orientales. Tal cual parecía, los selyúcidas habían conseguido en cuestión de años lo que se les había negado a los “civilistas” en decenios: en los albores del siglo XII no quedaba en pie un solo thema asiático de los casi veinte que existieran en la época de Basilio II Bulgaróctonos.

Cuando Alejo I logró afianzarse en el poder debió lidiar primero con el problema más acuciante que representaba la invasión normanda a los Balcanes. Precisamente fueron sus campañas contra Roberto Guiscardo y su hijo Bohemundo las que insumieron los escasos recursos que había perdonado Mantzikert. Sin fuerzas ni numerario para volverse contra los turcos se vio obligado a recurrir al papa Urbano. La respuesta no se demoró en llegar y lo hizo bajo la forma de un movimiento cuyas características y alcance no registraban precedentes en la Historia: la I Cruzada.

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I Cruzada: llamamiento y prédica (1095-1096)

Sin un mando unificado y con graves problemas de disciplina, la I Cruzada era el fiel reflejo de su tiempo. Desdoblada en una fuerza popular y otra señorial, reconocía la autoridad, difusa claro, de numerosos líderes; Pedro el Ermitaño y Gualterio de Sans-Avoir, asistidos por una segunda línea de nobles segundones (Reinaldo de Breis, Fulko de Orleáns, Gualterio de Teck, Hugo de Tubinga, Alberto y Conrado de Zimmern y Godofredo Burel), marcharon al frente de la expedición popular que fue despedazada por Kilij Arslán I en Dracón (Asia Menor, 21 de octubre de 1097).

Primera Cruzada tramo europeo v000

Itinerario seguido por la Cruzada señorial

Las fuerzas regulares, por su parte, salieron de Occidente en 1097 siguiendo diferentes rutas; a la cabeza iban algunas de las figuras más representativas de la nobleza occidental: Hugo, conde de Vermandois (hermano del rey Felipe de Francia); Godofredo de Bouillón, duque de la baja Lorena, y sus hermanos Eustaquio, conde de Boloña, y Balduino, un advenedizo prelado devenido en soldado para la ocasión; Reinaldo, conde de Toul; Balduino de Le Bourg; Raimundo IV de Saint Guillés, conde de Tolosa; Rambaldo, conde de Orange; Roberto, duque de Normandía; Esteban, conde de Blois; Roberto, conde de Flandes, y los príncipes normandos Bohemundo (hijo de Roberto Guiscardo), Tancredo, Ricardo, Rainulfo y Guillermo. La cruzada señorial pasó al Asia Menor en cuanto el emperador pudo correrla, para su alivio, de los suburbios de Constantinopla. A partir de entonces los ejércitos combinados, sobreponiéndose a toda clase de adversidades y privaciones, consiguieron abrirse paso a través de los dominios de Kilij Arslán I, no sin antes infligirle algunas graves derrotas (Nicea y Dorileo). A la vera de la expedición, los bizantinos fueron recuperando una a una las grandes ciudades del litoral Egeo, aprovechando la confusión reinante en las tierras del sultán.

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Itinerario de la I Cruzada tras Constantinopla

Al cabo del camino y habiendo sobrevivido a un sinnúmero de ordalías, traiciones y riñas, la Cruzada alcanzó su objetivo: Jerusalén fue recapturada (14 de julio de 1099), al igual que Antioquía y Edesa. Ante la sorpresa e indignación del mundo musulmán, nacían en la médula de sus territorios un reino, un condado y un principado, todos cristianos, mientras que un condado más aguardaba su turno en Trípoli para ser conquistado.

Las cruzadas del año 1101:

Síntesis: tardíos rezagos de la I Cruzada, las expediciones de 1101 fueron la respuesta lógica y natural con que Occidente saludó la reconquista de Jerusalén, en 1099. Inflamando los relatos acerca de los padecimientos sufridos y exagerando aún más aquéllos que sobrevendrían para quienes habían quedado en Tierra Santa, los cruzados que retornaron a sus hogares en Europa promovieron casi sin quererlo una nueva cruzada.

En septiembre de 1100 salió de Italia la primera expedición, integrada casi en su mayoría por lombardos. Al frente marchaban el arzobispo de Milán, Anselmo de Buis, Alberto, conde de Biandrate, Hugo de Montebello y Guiberto, conde de Parma. La caravana de advenedizos provocó serios disturbios en los arrabales de Constantinopla, hasta que sus líderes aceptaron ser embarcados a la orilla asiática del Bósforo. En Nicomedia recibieron el aporte de varias columnas de peregrinos franceses y alemanes entre los que se encontraban Esteban, conde de Blois, Hugo de Broyes, Balduino de Granpré y Hugo de Pierrefonds.

La cruzada franco lombarda de 1101 v001

La cruzada franco-lombarda de 1101

Comandada a partir de Nicomedia por Raimundo IV de Saint Gillés, conde de Tolosa, la cruzada siguió un derrotero irregular signado por el deseo de los lombardos que la integraban de liberar a su héroe, Bohemundo, a la sazón prisionero en el castillo danisméndida de Niksar (Neocesarea). El ejército cristiano avanzó en esta primera etapa por territorio bizantino hasta la ciudad de Ankara, que fue tomada por asalto a los selyúcidas y devuelta al emperador Alejo I Comneno. Los problemas, sin embargo, comenzaron cerca de Kastamuni y una oportuna alianza del emir danisméndida Malik Ghazi con sus vecinos de Iconio y Alepo salvó la jornada para los musulmanes. Extenuados por el viaje y acribillados por el abrasador sol de la canícula, los cristianos sucumbieron a la mayor movilidad de los jinetes turcos cerca de la aldea de Mersivan, a medio camino entre Amasea y la ribera del Halys. Los pocos fugitivos que lograron escapar del campo de batalla se refugiaron en Bafra, a orillas del Mar Negro, de donde los rescató una escuadra griega.

La segunda expedición que integró el movimiento de las Cruzadas de 1101 llegó a Constantinopla a poco de salir de ella Anselmo de Buis y sus acólitos. Estaba dirigida por un notable francés, Esteban, conde de Nevers, cuyo ejército daba la impresión de ser mas homogéneo y de estar mejor preparado para acometer la siguiente etapa del trayecto. Ansiando unirse a la fuerza combinada de lombardos, alemanes y francos, Esteban les persiguió en vano hasta Ankara, donde finalmente decidió retomar la ruta que se internaba hacia el corazón de Anatolia. Habiendo sitiado infructuosamente la capital del sultán selyúcida Kilij Arslán I, su ejército fue sorprendido y aniquilado casi por completo por los vencedores de Raimundo de Tolosa, en las cercanías de Heraclea. El conde de Nevers pudo escapar por los pelos y junto con un reducido grupo de sobrevivientes fue acogido en el interior de la fortaleza bizantina de Germanicópolis, al noroeste de Seleucia de Isauria.

Las Cruzadas de Nevers y Aquitania 1101 v001

Las cruzadas de Nevers y Aquitania (1101)

Finalmente, la tercer y última expedición arribó a Constantinopla algunas semanas después de la partida hacia Oriente de Esteban de Nevers. Se hallaba compuesta por una hueste de alemanes y franceses cuyo líder, Guillermo de Aquitania, era un acérrimo adversario de Raimundo VI de Saint Guillés además de un afamado trovador. Junto con el duque de Aquitania viajaban algunos importantes magnates como Hugo de Vermandois, Guelfo de Baviera, Thiemo de Salzburgo y la margravesa Ida de Austria. Excepto por la etapa de Ankara, este nuevo contingente siguió los pasos del conde de Nevers con la esperanza de acoplarse a su ejército y así atemperar la amenaza creciente que representaban los turcos de Capadocia. Durante el camino los cruzados hallaron los pozos secos o arruinados y el campo asolado, de manera que tuvieron serios inconvenientes para aprovisionarse. Al llegar a Heraclea fueron emboscados y derrotados sin atenuantes. Guillermo, Hugo y Guelfo lograron evadirse mientras que Ida fue hecha prisionera y Thiemo martirizado por sus captores.

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Itinerario asiático de las Cruzadas de 1101

El desastroso final de las tres expediciones dejó una dolorosa conclusión tanto para los bizantinos como para los estados aliados de Occidente. Los turcos habían conseguido tomarse desquite de la grave derrota que sufrieran en Dorileo, en tiempos de la I Cruzada y nuevamente amenazaban cerrar las vías de comunicación con Siria y Palestina. Tras los rotundos reveses de Mersivan y Heraclea se hizo patente que la Cristiandad occidental debería coordinar mejor sus movimientos y colaborar hombro con hombro con sus hermanos de fe de Oriente. El tiempo demostraría que lejos de cooperar entre sí, acabarían enfrentados en las mismísimas murallas de Constantinopla.

La Segunda Cruzada (1147-1149):

Síntesis: En 1144 la caída de Edesa en poder de Imad ed-Din Zengi fue un duro llamado de atención para los cristianos que residían en Ultramar. Las fuerzas nativas conformadas por los francos de la segunda generación parecían insuficientes para contener el creciente poderío del Islam, que al cabo de medio siglo daba por fin la impresión de haber digerido el mal trago de la I Cruzada. El ulterior colapso de Saruj, la segunda gran fortaleza franca al este del Eufrates, anunció que el condado de Edesa, o lo que quedaba de él, tenía los días contados. Se hacía pues imperiosa la prédica de una nueva cruzada para garantizar la supervivencia de los territorios cristianos esparcidos por el norte de Siria y Palestina.

La ardua tarea de convencer al redil occidental de tomar la cruz recayó sobre uno de los personajes más ilustres del siglo XII: Bernardo de Clairvaux. Fue tan efectivo el sermón con el que el prelado se dirigió a la multitud en Vézélay que no quedaron dudas acerca del carácter eminentemente castrense que iba a tener la nueva expedición. Al cabo de la arenga se habían enrolado los principales exponentes de la nobleza occidental, además de una nutrida formación de segundones ávidos de tierras y aventuras. Desde Francia salieron el propio rey, Luis VII, su esposa, Leonor de Aquitania, el gran maestre del Temple, Everardo de Barre, Amadeo de Saboya, Roberto de Dreux, el conde de Tolosa, Alfonso Jordán, y su hijo bastardo Beltrán, Guillermo de Nevers, Thierry de Flandes, Archimbaldo de Bordón y Enrique de Champagne. Al igual que Leonor, un gran número de condesas y duquesas acompañaba a sus maridos, seguido por una nube de sirvientes.

Segunda Cruzada itinerario v000

La II Cruzada: itinerario hasta Damasco

También Alemania aportó lo mejor de su sangre: ora inspirados, ora azuzados por Bernardo de Clairvaux se plegaron a la empresa el propio rey Conrado III y su sobrino, Federico de Suabia, Otón de Freisingen, Herman de Verona, Bertoldo de Andechs, Guillermo de Montferrato, Guido de Biandrate, Esteban de Metz y Enrique de Toul: A este grupo se plegaron además algunas destacadas personalidades foráneas: Ladislao, rey de Bohemia, y Boleslao, rey de Polonia. Los alemanes fueron los primeros en llegar a Constantinopla, donde se les recibió con recelo y resquemor debido a las tropelías cometidas durante el trayecto balcánico. Luego, una vez en Asia Menor, salieron desde Nicea (15 de octubre de 1147) y se internaron en la península siguiendo la gran calzada bizantina que habían utilizado los primeros cruzados. No llegaron muy lejos; acosados por la sed y aturdidos por el fuerte sol, cayeron en una emboscada tendida por el sultán de Iconio, Masud I, en el mismo solar donde su padre había sido derrotado por la I Cruzada (Dorileo). Conrado y Federico consiguieron escapar y se refugiaron en Nicea. La terrible derrota, además de cobrarse la vida del noventa por ciento de los efectivos alemanes, dejó una profunda herida en el orgullo de los sobrevivientes.

Luis de Francia y su impecable séquito aparecieron en Constantinopla el 4 de octubre y a principios de noviembre se unieron con los tristes guiñapos del ejército alemán. Desde Esseron avanzaron juntos siguiendo un camino paralelo a la costa del Mar Egeo, hasta que en Antioquía de Pisidia torcieron hacia el Este. En enero de 1148 arribaron extenuados y famélicos al puerto de Attalia, donde una parte de la hueste se embarcó rumbo al puerto sirio de San Simeón. Aquéllos desventurados que no tuvieron la suerte de continuar el viaje por mar debieron arreglárselas para llegar a Antioquía por sus propios medios. Fue una travesía terrible signada al cabo por una estela interminable de osamentas que quedaron esparcidas bajo los rayos del recalcitrante sol isaúrico.

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II Cruzada: itinerario asiático hasta Damasco

Tanto esfuerzo y sufrimiento para nada. Congregados frente a las murallas de Damasco, los occidentales pusieron sitio a la ciudad el 24 de julio de aquél año. Cinco días después, la proximidad del hijo y sucesor de Zengi, Nur ed-Din, y de un ejército de socorro, bastaron para que el cerco fuera levantado. Las huellas sicológicas de Dorileo habían calado hondo en el temperamento de los otrora fogosos cruzados, lo mismo que las privaciones y los padecimientos del largo viaje. Acabaron retirándose ignominiosamente hacia Galilea, haciendo jirones el mito de los invencibles caballeros de Occidente engendrado en tiempos de la I Cruzada. El Islam empezaba a recuperar tanto el tiempo como el terreno perdido. Ver más: El asedio de Damasco. La caída de Araima.

La Tercera Cruzada (1189-1192):

Síntesis: La batalla de los Cuernos de Hattin (4 de julio de 1187) fue para los estados cristianos de Ultramar lo que Mantzikert para los bizantinos. Después de perderse casi todo el ejército real en el enfrentamiento, incluida la sangría sufrida por las grandes órdenes militares de los templarios y hospitalarios, el camino quedó expedito para que Saladino avanzase hacia Jerusalén conquistando, a medida que avanzaba, todas las grandes fortificaciones de Galilea (Nablus, Torón, Castel Arnald, Quarentene, entre otras). Mientras tanto, su hermano al-Adil subía desde Egipto asolando la costa hasta la ciudad portuaria de Jaffa, a la que tomó por asalto. Ante tamaña calamidad, la respuesta de Occidente fue poner en marcha una nueva cruzada con la intención de salvar lo que aún quedaba del otrora orgulloso reino.

III Cruzada

Itinerario de la Tercera Cruzada

Dirigida por Ricardo I Corazón de León, Felipe II de Francia y Federico I Barbarroja de Alemania, la III Cruzada fue una expedición que acarició la idea de conquistar Constantinopla. En los Balcanes, el emperador de Alemania se reunió con los hermanos Asen y con los caudillos servios para maquinar el plan. La perdonaron en el último momento, pero Chipre, una provincia bizantina, fue asolada y conquistada por los ingleses y entregada más tarde a los Templarios. En Tierra Santa, Ricardo I de Inglaterra se mostró como un bárbaro truculento y sanguinario en el trato dispensado a los prisioneros musulmanes en comparación con Saladino. Sin embargo, su capacidad militar y su disciplina resultaron abrumadoras para el primer ayubí, quien finalmente debió dar marcha atrás en su intento de aniquilar de una vez y para siempre la presencia cristiana, en tanto que entidad política, en Siria y Palestina.

La Cuarta Cruzada (1203-1204):

Síntesis: Predicada por el papa Inocencio III (nombre secular: Lotario de Segni), la IV Cruzada tenía como objetivo salvaguardar los territorios cristianos de Ultramar (Acre, Antioquía, Trípoli, etc.), aquéllos mismos que Ricardo I Corazón de León había consolidado merced a sus victorias sobre Saladino durante la III Cruzada. Conformada mayormente por tropas procedentes de Francia, agrupaba a una constelación de nobles e importantes potentados entre los cuales descollaban Bonifacio de Montferrato, Balduino de Flandes, Godofredo de Villehardouin, Enrique de Hainaut, Otón de La Roche, Luis de Blois, Rainiero de Trith, Conon de Béthune, Hugo de Saint Pol, Guillermo de Champlitte, Pedro de Bracieux, Jacques de Avesnes y Manasés de Lille, entre otros.

Planificada originalmente para marchar contra el núcleo del poderío ayubí (Egipto), fue desviada de manera deliberada por los venecianos hacia Constantinopla, capital del Imperio Romano de Oriente. La ciudad fue asesiada por primera vez en 1203, tomando activa participación en las maniobras el dux de Venecia, Enrico Dándolo. Junto con los cruzados se hallaba Alejo IV Angel, uno de los pretendientes al trono bizantino, que deseaba recuperar para sí mismo y para su padre la púrpura imperial.

Cuarta Cruzada itinerario v001

La Cuarta Cruzada: desde Venecia a Bizancio

Atacada por mar y tierra, Constantinopla cayó en poder de los cruzados el 13 de abril de 1204. En poco tiempo el Imperio Bizantino fue desmembrado y sobre sus cenizas surgieron nuevas entidades, híbridas y deformes desde sus cimientos, que el tiempo condenaría a una existencia efímera o irrelevante. Con las grandes ciudades en su poder, los latinos dividieron los territorios a la usanza occidental; mientras que los venecianos se apoderaban de Creta, Eubea y Corfú, los francos instituían verdaderos engendros: el Imperio Latino, el Reino de Tesalónica y los ducados de Nicea (aún sin conquistar), Naxos, Acaya y Atenas. Los griegos, entretanto, se afirmaban en Epiro, Nicea y Trebizonda.

Dirigida contra un estado cristiano como era el Imperio Bizantino, que llevaba más de quinientos años luchando contra el Islam, la expedición de 1204 terminó minando la capacidad de resistencia de la Cristiandad oriental. Aunque Constantinopla sería recuperada por los griegos en 1261, el Imperio de Oriente nunca más volvería a ser aquel orgulloso estado que dictara mandamientos e inspirara respeto al resto de Europa. Ver más.

La cruzada de los niños (1212):

La Cruzada infantil fue un movimiento espontáneo que tuvo lugar tras la IV Cruzada y la Cruzada albigense (es decir, los engendros de Inocencio III). Espontáneo por que, partiendo del mediodía francés (el país del Languedoc), de Alemania y del Norte de Italia, miles de niños abandonaron sus hogares sin siquiera despedirse de sus padres, y marcharon como un solo hombre hacia los grandes puertos marítimos del Mediterráneo occidental: Marsella y Génova. Enceguecidos por su fe, los pequeños confiaban en alcanzar la gloria allí dónde los mayores habían fracasado estrepitosamente. El itinerario de la extraña procesión fue más o menos el siguiente: los infantes que provenían de Occitania emplearon mayormente los valles del Ródano para descender hasta Marsella. Aquéllos que por su parte habían salido de Alemania e Italia, acudieron a las radas de Génova. En el trayecto desde sus hogares hasta los citados puertos, centenares cayeron presa del hambre, del frío, de las enfermedades y de las trampas para osos y lobos que los campesinos solían ubicar a la vera de los bosques para defenderse de las bestias. La hoja de ruta de los niños era tan simple como ingenua: caminar por los senderos hasta alcanzar la orilla del Mediterráneo; allí el mar se abriría ante sus pies de la misma manera que el Mar Rojo lo había hecho frente a Moisés. La Providencia, sin embargo, no fue tan complaciente. Cuando los destacamentos de críos se sentaron a aguardar delante de las olas, el mar se mantuvo impertérrito. Esperaron y esperaron sin que sucediera el ansiado milagro. Entretanto, algunos de los desconsolados padres lograron ubicar a sus evadidos hijos a orillas del mar, aunque a último momento se contuvieron de detenerles, temerosos de que la voluntad de Dios se hallase detrás de tan insólito evento. Entonces tuvo lugar un suceso dramático: a los progenitores no les quedó otra opción que observar cómo, desde los malecones, sus hijos abordaban las embarcaciones y se introducían derecho en sus bóvedas. Debió de ser para ellos un momento devastador.

Hastiados de esperar en vano a que el mar se retirara, los principales cabecillas de la lampiña horda entraron en tratos con algunos capitanes para conseguir transporte. Inflamados de fe, deseaban llegar cuanto antes al ombligo del mundo, como los inexpertos infantes llamaban a Jerusalén. No obstante, los capitanes viendo la veta del negocio, no perdieron tiempo; los hicieron abordar llevándoles derechito a Egipto, a Alejandría, adonde no tuvieron reparos en venderles como esclavos. Muchos niños, adquiridos a precios de ganga, fueron luego obligados a trabajar en los jardines, cultivando almácigos y rosedales para sus amos mamelucos de la zona del delta del Nilo y El Cairo. Algunos otros, en cambio, acabaron muertos por negarse a convertir al Islam.

La cruzada albigense (1209-1244):

– Jamás se nos hubiese ocurrido pensar que Roma dispusiera de tantos y tan eficaces argumentos contra esa gente (cátaros)… -dice Pons Adhémar al obispo.
– ¿Reconocéis que carecen de fuerza contra nuestras objeciones? -pregunta el obispo.
– Lo reconocemos.
– Entonces ¿por qué no los echáis, no los expulsáis de vuestro país?
-vuelve a inquirir el obispo.
– No podemos -responde el caballero. -Nos hemos educado juntos, entre ellos tenemos primos y les vemos vivir honradamente…

Herejias s12 v004

Propagación de las herejías en el siglo XII.

El celo de Inocencio III por recuperar las almas de los herejes cátaros indujo al intransigente obispo a enviar misivas con pedidos de ayuda a Felipe Augusto (1180-1223) y a una constelación de barones del Norte de Francia. La actitud de la Iglesia no hacía otra cosa que confirmar la entrega del Mediodía de Francia a la codicia de los señores septentrionales. El asunto de la herejía pasaba a ser una excusa. Lo que se avecinaba sobre el Languedoc era en realidad la misma desgarradora experiencia que el Imperio Bizantino había debido vivir de manera humillante, con la descarriada cruzada de 1204: la reafirmación del feudalismo como modo de producción dominante de la Edad Media. En este sentido, tanto la IV Cruzada como la Cruzada albigense fueron los engendros deformes nacidos de la oportuna unión entre los poderes secular y temporal, pilares y soportes del feudalismo más recalcitrante.

La reacción de los habitantes del Languedoc dejó sin embargo mal parados a los descarados expedicionarios: Occitania no aceptaba entregar a sus hijos. Las ciudades cerraron sus puertas y los cruzados debieron apelar a sus armas para abrirlas. Ante las murallas de Béziers el legado papal, Arnaud Amaury, rompió en gritos: “matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos…”. Después de masacrar y quemar a diestra y siniestra, la cruzada consiguió un respiro en Carcasona al morir Raimundo Roger de Trencavel. Simón de Montfort, un oportunista fanático procedente del Norte, fue designado en su lugar con el beneplácito papal.

Cruzada Albigense 1209 v003

Cruzada Albigense: campaña de 1209

Hacia 1209, casi todas las grandes ciudades de Trencavel parecían haber bajado los brazos. No obstante, la resistencia prosiguió gracias a un antiguo aliado de Simón de Montfort, Raimundo VI, conde de Tolosa, que, cambiando de bando, ahora se negaba a entregar a los herejes de sus tierras. La truculenta lucha al cabo arrancó las máscaras de las facciones en pugna, poniendo al descubierto la verdadera cara de los enemigos que se enfrentaban: la elite caballeresca rural del norte de Francia y la clase caballeresca urbana del Mediodía. Al final triunfaría la primera para regocijo del papa y “gloria” de Dios.

Tolosa y Trencavel (Siglo XII):

Se conoce como Tolosa y Trencavel a los estados feudales del mediodía francés, cuna de la herejía cátara, contra la cual el papa Inocencio III predicaría una cruzada (la cruzada albigense). Raimundo VI de Saint Guillés, conde de Tolosa, Alfonso Jordán y su hijo bastardo, Beltrán, son quizá los personajes más emblemáticos suministrados por la región a la causa de los cruzados.

Estados Occitania v003

El Midi francés a finales del siglo XII

Ultramar (Siglo XII):

Ultramar (Outremer) o territorios ubicados al otro lado del mar (Mediterráneo), es el nombre con que se conoce a la región que cobijaba en Oriente a los estados fundados por la I Cruzada, esto es, el Reino de Jerusalén, el principado de Antioquía (y la planicie ciliciana) y los condados de Edesa y Trípoli.

Ciudades Siglo 12 v001

Ultramar en el siglo XII

Languedoc (Siglo XII):

Identificado geográficamente con los límites de Tolosa y Trencavel, Languedoc es la zona en la cual predominaba la lengua de Occitania (lengua de Oc). La comarca daría al movimiento juglar algunos de los más eximios trovadores de los siglos XII y XIII.

Occitania v003

Occitania en el siglo XII

Autor: Guilhem W. Martín. ©

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16 comentarios to “Cruzadas: Período 1097-1212.”

  1. selene said

    hola quisiera que me pudieran ayudar ya que estoy estudiando gastronomia y me dejaron una tarea sobre las cruzadas ya que influyeron mucho en el ambito gastronomico y no he podido conseguir bien todos los paises implicados, con sus rutas y aportaciones gastronomicas… me podrian ayudar por favor se los agradeceria mucho.

    gracias

  2. Ignacio Cabello said

    Guilhem, creo que ya tengo el trabajo, dame tu correo electrónico y te lo mando en pdf, o si quieres me mandas un correo a: icabello96@gmail.com , y te respondo mandándotelo.
    Ignacio

  3. Ignacio Cabello said

    pero usas alguna plantilla de europa..? ¿como haces la ”silueta” de europa…?
    Ignacio

  4. Ignacio Cabello said

    Por cierto, ¿usas algún programa para hacer los mapas?,
    si es así ¿me podrías decir como conseguirlo?
    Ignacio

  5. Ignacio Cabello said

    Estimado Ghilem, estoy haciendo un trabajo de las cruzadas para el colegio.
    Tu página, me a gustado mucho, llevo usándola un par de meses, y necesito para la bibliografía, tu nombre y apellidos y el año en el que hiciste la página. Por cierto, te felicito por la página.
    Un abrazo.
    Ignacio Cabello

  6. galo said

    Estimado Guilhem:
    mi correo electrónico acaba de ser hackeado por un desconocido q parece ser un aberrado….han estado hackeando los msms otros amigos y me temo vaya a ser bastante incomodo.

    Un fuerte abrazo mentor

  7. Juan José said

    Magnífico, ¿donde se puede comprar? y una pregunta, ¿este Arnaud amaurí del genocidio de Beziers, era el mismo que mandaba las tropas ultra pirenaicas que (ayudando a Alfonso VIII) pasaron a cuchillo Malagón, en su camino hacia Calatrava.
    Un abrazo
    Juan José

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