IMPERIO BIZANTINO

Historia de Bizancio enfocada principalmente en el período de los Comnenos

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Las murallas terrestres de Constantinopla. II Parte.

Posted by Guilhem en febrero 15, 2011

Las murallas terrestres de Constantinopla: un sistema defensivo casi perfecto.

Segunda Parte: desde la Puerta del Cañón hasta el Brachiolon.

Las murallas de Teodosio II, Atenais y Flavio Ciro.

El sistema defensivo terrestre de Constantinopla, erigido en los tiempos del emperador Teodosio II, se extiende sin solución de continuidad desde las orillas del Mar de Mármara hasta las del Cuerno de Oro, si bien la sección original llegaba hasta lo que actualmente se conoce como el Palacio del Soberano (Tekfur Sarayı). La idea de construir un complejo conformado por una triple línea de obstáculos (desde el punto de vista del atacante), es decir, foso y doble muralla, surgió de la esposa de Teodosio II, Atenais (Eudocia) y del prefecto Flavio Ciro. Los trabajos comenzaron hacia el año 439, terminándose ocho años después, justo para desairar y hacer retroceder al invencible Atila. Desde entonces Constantinopla resistió airosa numerosos asedios; ante sus muros desfilaron ignominiosamente ávaros, eslavos y persas, además de búlgaros, árabes y varegos. En 1204 los cruzados consiguieron conquistar la ciudad atacando la sección marítima de sus murallas. Dos siglos y medio más tarde, los turcos otomanos, bajo el acicate del sultán Mehmet II el conquistador, apelarían a la artillería para doblegar la resistencia de los defensores en la zona de Topkapi o puerta del Cañón. El Imperio Romano de Oriente tocaría a su fin el 29 de mayo de 1453, casi mil años después de que las murallas terrestres fueran erigidas gracias al sueño de una mujer.

Descriptivo

A) Mapa de Constantinopla: en el siguiente mapa se consignan todos los hitos relacionados con el sistema defensivo terrestre de Constantinopla, partiendo de Sur a Norte, esto es, Mar de Mármara – Cuerno de Oro. Se trata de 27 referencias enmarcadas en color rojo, coincidentes con los items que se enumeran a continuación del mapa.

Sistema defensivo terrestre

15) El árbol de las almas perdidas y sector del campamento otomano.

El ambiente, pesado y cargado con la tensión de largas jornadas de lucha cuerpo a cuerpo, se puede cortar hasta con una espada desafilada. Es la madrugada del 29 de mayo de 1453; los címbalos y timbales turcos suenan sin pausa arengando a la tropa para el combate que está por reanudarse en un nuevo y dramático acto que será en definitiva el último de la épica batalla. Constantinopla es aún una ciudad cristiana, la capital del milenario Imperio Romano. No lo será por mucho tiempo más. Está a escasas tres o cuatro horas de asistir a la muerte de su último emperador y a tres o cuatro horas también, de cobijar al primer sultán de su historia. El final de la Edad Media se debate entre los esfuerzos desesperados de los defensores por rechazar las cargas del enemigo y los fogonazos de un inmenso cañón que un renegado húngaro, Urban, ha construido especialmente para Mehmet II. El foso, a poco, se irá cubriendo con los cadáveres de sitiadores y sitiados; a la postre un árbol se enseñoreará sobre el campo de batalla marcando con su impronta el lugar donde se perdieran tantas almas; a su derecha seguirá retumbando el “bum-bum” de los tambores otomanos. Si algún día tenéis la dicha de refugiaros bajo la sombra de dicho árbol, habréis sacado la mejor platea para apreciar los ecos de la historia: el redoblante de los tambores procedentes del campamento musulmán y el agónico repicar de las campanas cristianas llamando al combate. Afinad bien el oído que aún es posible escucharles.

Sector ocupado por los otomanos en 1453

16) Puerta de San Romano o Topkapi.

A simple vista, la puerta de San Román no impresiona tanto. A uno y otro lado de la misma, la febril actividad de vendedores y tenderos y la distante frialdad de los incansables peatones que van y vienen de sus trabajos, sumergen al edificio en una recalcitrante indiferencia. Y sin embargo, la zona en que el baluarte se halla emplazado tienen el toque de encantamiento dado por ese tipo de preguntas que solo invitan a la más abyecta especulación: ¿Qué habría sucedido si el cañón del sultán hubiese explotado de una? ¿Y qué si al generalísimo Giovanni Giustiniani Longo no le hubiese alcanzado la descarga de culebrina que, al cabo, terminó cegándole la vida? ¿Cuánto más habrían insistido los otomanos si la última acometida de los jenízaros hubiera fracasado?… En el mejor de los casos, las respuestas no traen consuelo para quienes admiramos la valerosa y desesperada resistencia de quienes murieron aquél día. Lo cierto es que en la puerta de San Román hasta las mujeres bizantinas tomaron parte de la lucha, aguantando las puerta hasta el último instante y soportando las calamidades que se desataron luego, al traspasar los vencedores el baluarte. De nada sirvió el arrojo de aquellos soldados que combatían en el endo-parateíchon o segundo peribolos como tampoco la osadía de los arqueros que les cubrían desde lo alto de las torres contiguas, merced a certeros saetazos. Cuando los genoveses condujeron a su líder, mortalmente herido, hacia una nave cercana, los arqueros dejaron sus parapetos precipitadamente, evadiéndose detrás de los italianos. Sin protección desde las alturas, ya nada salvó a los defensores que a nivel del suelo se batían valerosamente contra la tercera carga turca. Superados en número prácticamente fueron aplastados por la avalancha de enemigos que seguían llegando desde el campamento otomano. A lo lejos y a salvo de los rigores de la batalla, Mehmet se frotaba las manos de placer: la fruta madura estaba cayendo del árbol.

Habiendo caminado de punta a punta las murallas terrestres y marítimas, a la puerta de San Román, Puerta del Cañón o Topkapi accedí desde el interior, paralelamente al trazado de las murallas, por la calle Sulukule Caddesi. La primera impresión que me llevé del edificio me la dieron las enormes linternas (en parte ahumadas por pretéritos incendios) que soportan el camino de ronda ubicado en lo alto y que conducen al tope de los torreones. Más allá, del otro lado, una playa de estacionamiento de utilitarios y autobuses no hizo más que aumentar mi decepción: ¿cómo conjugar una explanada pletórica de manchas de grasa y aceite con un edificio abarrotado de Historia e historias?.

Topkapi desde Sulukule Caddesi

Vista desde Topkapi Caddesi

Por cierto, San Román afortunadamente es un acceso peatonal donde el tránsito de automóviles no está permitido. Hacia el exterior los puestos de diarios y revistas, de frutas secas y golosinas congestionan la entrada al punto de hacer pasar desapercibida la gran placa conmemorativa pegada en la muralla y que en árabe y turco describen la gloriosa gesta del sultán.

Exterior de San Román

Lo mejor de San Román se encuentra en sus adyacencias, a cada lado de la puerta. Y es que es posible caminar por el segundo peribolos tanto en su tramo restaurado (hacia el Sur) como en su trayecto sin restaurar (hacia el Norte). La sección restaurada, a juzgar por las sobras del convite que encontré en el lugar (luego de sortear algunas cadenas y candados), esto es, refinados tenedores y algunos cuchillos de mantequilla, es utilizada por las clases pudientes de la ciudad para celebrar sus fiestas de casamiento.

Sector de fiestas

Segundo Peribolos sin restaurar

Cerca de la Puerta de San Romano, al sur de la Cuarta Militar, se encuentra el museo Panorama 1453 con impresionantes postales referidas a la gran batalla. El desprevenido turista que se situe frente a los murales ha de tener en cuenta al quedar absorto ante semejante recreación que la diferencia numérica a favor de los atacantes era de quince (o veinte) a uno, cuestión que por lo general los vencedores tratan de minimizar.

Panorama 1453 Museo

17) Muros entre San Romano y Pempton (o Mesoteíchon).

Quiza sea la zona comprendida entre las puertas de San Román, al Sur, y la de Pempton o Quinta Militar, al Norte, el tramo más romántico y a la vez aventurero, que el turista de ojo avizor tenga que recorrer en su gira por las murallas terrestres de Constantinopla. Y es que dicho trayecto en realidad depara unas cuantas sorpresas: por un lado el sendero que corre del lado externo paralelo a las fortificaciones está atiborrado de ruinas majestuosas; algunas parecen sustentarse en su propio orgullo mientras que otras ya han caído y yacen en un sueño horizontal marchito de esplendor. El cauce del Lycos hace mucho que ya no lleva agua; pero la avenida que se ha levantado cerca y que entra en la península histórica perpendicularmente al trazado de las murallas, la Adnan Menderes Blv., lleva consigo un tránsito endemoniado del que hay que tener mucho cuidado y paciencia al momento de cruzar la gran arteria (estimo que los automóviles deben rodar a no menos de 90-120 kilómetros por hora).

Adnan Menderes Blv de fondo

Nomás atravesar la citada calle, las ruinas empiezan a deleitar la visión. En muchas de ellas el turista cristiano ha “grafiteado” una cruz en señal de reinvindicación y protesta por tantos símbolos tallados en las fachadas de antiguas iglesias, hoy mezquitas… gesto risueño y al mismo tiempo reprochable.

Muro colapsado con cruz dibujada

Sector en ruinas por Sulukule Caddesi

Otra de las sorpresas que depara la caminata por este sector son los potenciales peligros que hay que sortear si se avanza por la cara interna del sector amurallado, ya que se ha de “incursionar” perimetralmente el intimidante barrio de Neslişah (caserío semiderruido habitado por inmigrantes de origen gitano y albanés). Del otro lado de la muralla, sobre la avenida que corre paralela a la misma, Beylerbeyi Cd., policías vestidos de civil cuidan a los desprevenidos turistas.

Ruinas antiguas y modernas en Neslişah

Neslişah

La aventura, no obstante, merece la pena, ya que al cabo del trayecto se encuentra la puerta de Pempton.

18) Puerta de Pempton.

La llegada a la Quinta Puerta Militar puede provocar dos tipos de sensaciones bien diferentes según el camino escogido para acceder a la misma: si se avanza por la calle interna (Sulukule Cd.), la impresión se verá atenuada por el deprimente entorno generado por la cercanía del Neslişah. La basura se acumula a un lado de la calle, mientras que del otro, las linternas abovedadas de la gran puerta yacen entiznadas haciendo muchas veces de improvisados baños.

Acceso a Pempton desde Neslisah

Linternas entiznadas en Pempton

En cambio, si la marcha procede a través de la avenida externa, la vista del edificio produce una sensación inmediata de “enanismo” ante tan descomunal monumento.

Pempton o Quinta Puerta Militar

Las torres del megateíchon que flanqueaban la puerta ya no existen salvo por sus basamentos y un par de paredes semiderruidas. Con todo, la estructura sigue resultando impresionante a los ojos del ocasional observador.

Torre en ruinas

En Pempton, como en San Romano, la batalla de 1453 fue tan encarnizada y cruenta como dramática. En la defensa de la ciudad tomaron parte 7.000 bizantinos y unos 2.000 soldados extranjeros, algunos mercenarios y otros locos idealistas que se presentaron para no perder su parte de gloria en la leyenda. Al frente, los turcos habían formado un ejército compuesto por irregulares y regulares, vasallos y propios, de no menos de 100.000 hombres (algunas fuentes dan cuenta de 150.000 y otras hasta de 200.000). En el fragor de la lucha, cuando el combate ya estaba decidido, el emperador Cosntantino XI y muchos de sus más leales nobles y seguidores murieron en las cercanías de la Quinta Puerta Militar. El cuerpo del basileo jamás fue encontrado para desencanto de Mehmet.

Panorama 1453 Museo

En el dintel emplazado sobre la gran puerta es posible apreciar una cruz latina tallada y una inscripción de los primeros tiempos de la muralla. También un ojo entrenado puede descubrir sendos detalles como monogramas (muy visibles, al tope del baluarte) y tallas sobre las mismas piedras (demasiado altas y lamentablemente dañadas).

Tallas en la piedra

Monogramas e inscripciones

19) Puerta de Adrianópolis o Carisios (Edirnekapi).

Casi en lo alto de la sexta colina, la puerta de Carisios, conocida actualmente como Edirnekapi (puerta de Adrianópolis),  guarda aún el umbral de la vieja calzada que se dirigía hacia la moderna Edirne. En tiempos del Imperio Bizantino, dicha puerta era la segunda en importancia, tras la Puerta Aurea. Erguida orgullosamente desde tiempo inmemoriables, su voluminosa masa de piedra ostenta sin embargo una etiqueta negra para la ecúmene cristiana: por allí ingresó a la ciudad el sultán Mehemt II el Conquistador, en la tarde del 29 de mayo de 1453, una vez que la resistencia de los bizantinos se hubo apagado entre el pillaje, las matanzas y las violaciones. Y por allí también cada uno de los sultanes siguientes rememoraron el evento al regresar de la ceremonia de “ceñir la espada de Otmán”, que tenía lugar cerca de la mezquita de Eyub, ubicada extramuros.

Puerta de Carisios

Carisios se halla parcialmente restaurada, al igual que sus torres adyacentes y la zona próxima del megateíchon, no así la primera línea de murallas, cuyos cimientos apenas pueden percibirse asomando tímidamente entre la maleza. El foso, siempre omnipresente, se puede apreciar en toda su dimensión también en este sector de la línea defensiva.

Foso en Carisios

Desde el interior, sin embargo, la puerta no parece tan intimidante, imagen que todavía se distorsiona más si se tiene en cuenta que la silueta de Carisios apenas descolla entre tantos autobuses que la usan como estación terminal.

Cara interna de Edirnekapi

20) Vista desde lo alto de torre próxima a Edirnekapi.

Desde lo alto de la restaurada torre ubicada a uno de los lados de la Avenida Fevzi Pasa (híper transitada también), muy cerca de Edirnekapi, la vista es simplemente sensacional en la dirección que se mire. Hacia el Norte, por ejemplo, puede identificarse claramente la línea de murallas que desciende en lento declive hacia el Cuerno de Oro; y sobre la línea del horizonte casi, la silueta de la mezquita de Eyub.

Vista hacia el Cuerno de Oro

Dirigiendo la mirada hacia el interior de la penísula histórica, en cambio, es posible advertir en primer término la calle Fevzi Pasa, un poco más allá la mezquita Mirimah Sultán y en el extremo izquierdo, bien a lo lejos, la costa de Asia Menor, tan borrosa como fantasmal.

Vista hacia Mirimah Sultan Camii

Hitos desde Edirnekapi

21) Palacio del Soberano y ¿Kerkaporta?

El hito más destacado que se presenta a continuación es lo que los turcos llaman “Tekfur Sarayı”, que traducido significa Palacio del Soberano. Precisamente es en este punto donde acaba la muralla de neto corte teodosiano. Hacia adelante el aspecto de la línea defensiva cambiará diametralmente hacia un único y muy reforzado muro, el monoteíchon, conocido como Muro de Manuel Comneno. Aún en la actualidad se desconocen los orígenes del Palacio del Soberano. No se sabe a ciencia cierta si pertenecen a las construcciones originales que el primer soberano Comneno, Alejo, realizó en el lugar, o si por el contrario, forma parte de ampliaciones realizadas después por su nieto. Lo cierto es que se trata de un edificio exquisito de típico estilo romano-bizantino, que los basileos usarían como residencia hasta el final de los días del Imperio. Los ladrillos rojos de su fachada, dispuestos en triple o cuádruple hilada e intercalados con piedra blanca son una constante a lo largo de toda la superficie del edificio; entre las ventanas, las líneas de piedra e hiladas se suspenden para dar paso a formas geométricas triangulares, circulares, romboidales y hexagonales, que dan un aspecto muy refinado y armónico al exterior. La construcción es de tres plantas, pero ya no existe el techo ni el piso del nivel superior.

Vista meridional

Tekfur Sarayı

La puerta tapiada que se levanta hacia el lado meridional del edificio, si es como muchos historiadores sostienen, no sería otra que la tristemente célebre Kerkaporta; es decir, aquella poterna mal trancada por la que el 29 de mayo de 1453 muchos jenízaros se introdujeron a la ciudad para izar sus pendones en señal de victoria, cuando todavía la suerte no estaba echada.

Kerkaporta

22) Muralla de Manuel I Comneno.

El Palacio del Soberano marca un punto de quiebre tanto en el apecto edilicio como en las características arquitectónicas de la muralla teodosiana que llega desde el sur procedente del Mar de Mármara. Hasta dicho edificio todo es un sistema monocorde conformado por un foso y una doble línea de murallas en las cuales, a intervalos mas o menos constantes, se adosan torres expuestas cuya finalidad es someter al ocasional adversario a una lluvia indiscriminada de flechas desde tres direcciones diferentes.

El barrio de las Blaquernas no estaba originalmente comprendido dentro del perímetro amurallado teodosiano. Cuando los emperadores Comneno empezaron a trasladar la residencia real desde el Gran Palacio hacia un entorno más ecuestre, acorde con los nuevos aires feudales que soplaban en la corte, Blaquernas se presentó como la mejor opción: no estaba tan expuesto como aquél ubicado en las adyacencias de la Puerta Aurea y la Torre de Mármol y tenía además la ventaja de encontrarse al resguardo de la gran cadena que solía extenderse de un extremo a otro en la entrada del Cuerno de Oro, cuando una flota invasora amagaba atacar la ciudad.

Primer tramo muro de Manuel

Cuando Manuel Comneno inició la ampliación del palacio de Blaquernas apenas hubo sucedido a su padre  en 1143, también aplicó cuadrillas de albañiles e ingenieros a reforzar la muralla perimetral. El producto resultante fue un maciso muro mucho más alto, provisto de nueve torres reforzadas hacia su interior mediante compactos contrafuertes. La estructura emergió como un obstáculo intimidante que ningún enemigo, ni cruzado ni turco osmanlí, lograría superar con éxito ni siquiera durante los dos asedios más negros que vivió la capital imperial en 1204 y 1453.

Sector adyacente a la Puerta Calegaria

Recorriendo este sector de muralla del lado de su cara interna, las ruinas intercalan playones con juegos para niños, espacios abiertos donde se acumulan desperdicios y casitas incrustadas casi en la misma piedra. El paseo, no obstante, es pintoresco y permite apreciar los rasgos netamente medievales de la muralla de Manuel, en contraposición al estilo romano de la teodosiana. Las torres se hallan casi todas semiderruidas, inclusive aquella que cobijara a Frantzés, secretario de Constantino XI, durante el asedio de 1453.

Cara interna muros de Manuel Comneno

23) Puerta Calegaria o Eğrikapi.

La antigua Puerta Calegaria es un acceso que se halla inmerso dentro de la estructura perteneciente a los muros de Manuel I Comneno, entre la sexta y la séptima torre. Durante los asedios de 1203 y 1453 concentró gran parte del fuego enemigo; en los tiempos de la Cuarta Cruzada, los soldados latinos establecieron su campamento muy cerca del lugar, de modo que uno y otro bando practicamente podían escucharse mutuamente durante las arengas previas a la batalla. En tiempos del sitio otomano, la puerta sufrió duramente a causa de los disparos de la artillería turca, pero como en 1204, resistió cada uno de los embates a la que fue sometida.

Puerta Calegaria

Tras la conquista turca, el nombre de la puerta fue cambiado por el de Eğrikapi, que significa puerta oblicua, debido a la ubicación en que quedó el acceso tras erigirse casi delante de ella el mausoleo o tumba de Hazreti Hafiz, un compañero del Profeta, que sucumbiera durante el primer asedio árabe de la ciudad (674-678).

Hitos hacia Blaquenas

24) Complejo Anemas-Isaac Angel.

Se trata de un macizo edificio que en el siglo XII fue utilizado para diferentes propósitos: prisión, almacén, arsenal, alojamiento. La historiadora Ana Comneno da cuenta en sus relatos que un tal Miguel Anemas, habiéndose complotado para intrigar contra su padre, el emperador Alejo I (1081-1118), fue apresado y alojado allí en calidad de detenido (1106); toda una novedad para una época donde las fallidas intentonas golpistas solían pagarse con la ceguera o la muerte (o ambas). Y lo de Isaac Ángel es porque una de sus alas fue erigida por este emperador como residencia personal.

Anemas-Isaac Angel

La vista exterior del monumento es imponente y las familias suelen emplear el parque adyacente con fines de esparcimiento. Para el caminante de largas e interminables jornadas de marcha el olor de las comidas que prepara allí la gente resulta una tentación devenida en tormento si no se hace un alto para saborear al menos un bocado.

Picnic en Anemas e Isaac Angel

El lugar rebosa de dinteles y piedras con inscripciones, cruces y monogramas además de alguna que otra poterna tapiada. Muchos de los detalles sobre las piedras de las murallas, no obstante, estan borrosos como consecuencia de la falta de mantenimiento y del ineludible deterioro ocasionado por el paso del tiempo.

Cruces e inscripciones en la muralla

Muralla con inscripciones y cruces

25) Puerta de las Blaquernas.

El sector de la Puerta de Blaquernas da acceso a la ciudad a través de los muros levantados tras inclusión del barrio homónimo dentro del perímetro amurallado de Constantinopla, lo que tuvo lugar aproximadamente en los tiempos del emperador Heraclio (610-641). Desde la Hacı Hüsrev Camii( Hz. Kaab Mescidi) es posible tener una perspectiva un tanto simpática de la gran puerta, que flanqueada por dos enormes torreones, parece construida con exclusividad para pequeñines. Y es que con el transcurso de los años, los terrenos se fueron rellenando, por lo que el aumento en el nivel del suelo devino en una puerta cuyas jambas apenas asoman de entre la tierra.

Puerta de Las Blaquernas

El paseo aledaño, ubicado entre la puerta y Hacı Hüsrev Camii, es un circuito muy atractivo por lo florido, verde y parquizado; los trabajos de jardinería se notan especialmente entre sus senderos  y canteros y en los tallos cargados de flores pertenecientes a las rosaledas que crecen por todos lados.

Setos con flores en Blaquernas

Entrando por la Puerta de Blaquernas se accede directamente al cementerio de los mártires musulmanes.

Cementerio musulmán

26) Torres del emperador Heraclio.

Torres de Heraclio

Camino de ronda

27) Brachiolon y extremo septentrional sobre el Cuerno de Oro.

Brachiolon

Autor: Guilhem W. Martín. ©

Todos las imágenes y mapas, excepto las excepciones claramente indicadas, son de propiedad de http://imperiobizantino.wordpress.com/

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