Miguel VIII Paleólogo (1259-1282)
Publicado por Guilhem en abril 24, 2007
Miguel VIII Paleólogo (1259-1282).
¿Emperador estadista o autócrata improvisado?
Previos:
Miguel VIII fue el fundador de la dinastía Paleólogo, la última que gobernaría Bizancio antes de su caída en manos de los turcos el 29 de mayo de 1453. Regente primero del emperador Juan IV Ducas Lascaris y déspota después, recuperó Constantinopla de manos del emperador latino Balduino II en 1261. Al poco tiempo se convirtió en emperador asociado junto a su hijo menor Andrónico para finalmente despojar al legítimo basileo, Juan IV, a quien cegó y deportó.
De Miguel VIII puede decirse sin ninguna duda que fue uno de los últimos grandes emperadores de Constantinopla, aunque sus métodos y políticas han sembrado desconcierto entre los historiadores y dividido las aguas entre acólitos y detractores. El debate se centra en la activa política occidental de Miguel y en su indiferencia hacia los asuntos de Oriente.
Veamos el caso en detalle:
A) Defensores de Miguel VIII:
• Los turcos rumi no representaban un peligro hacia mediados del S. XIII debido a que la irrupción de los mongoles había fragmentado tanto sus tierras como su poder de antaño. Según los defensores de esta postura el verdadero enemigo se encontraba del otro lado, entre las filas de las ambiciosas repúblicas marítimas de Génova y Venecia y entre los principados latinos erigidos tras la IV Cruzada, sin mencionar a Epiro y Bulgaria. Por tanto, avanzar por Europa ofrecía más ventajas y facilidades que hacerlo por Anatolia: se podían aprovechar sus divisiones políticas.
• La principal amenaza para Bizancio en la época no venía de Oriente sino de Occidente: si en 1204 un grupo de aventureros segundones había podido arruinar completamente el Imperio, imaginaos lo que hubiera podido conseguir el rey de Sicilia Carlos de Anjou, con grandes recursos a su alcance, el Papa y el rey de Francia detrás suyo y una alianza de señores latinos de Grecia… Es comprensible que Miguel les tuviera miedo, y de hecho hizo una proeza diplomática para controlarlos.
• Una arremetida contra los turcos implicaba volver la espalda al verdadero enemigo, lo que suponía además dejar expuestas las recientes conquistas europeas.
• El “eurocentrismo” ya se había iniciado bajo los Comnenos y aún con los Lascaris se mantendría en el tiempo, aunque éstos extrajeran su poder de Asia Menor.
• Bajo el reinado de Miguel VIII no se perdió ningún territorio de importancia en Asia Menor. Ello respaldaría la tesis de que la ofensiva debería emprenderse en los Balcanes. En todo caso, la debacle del Imperio Bizantino restaurado empezó con el sucesor de Miguel, Andrónico II.
• Según esta corriente de opinión, los nicenos se debieron necesariamente alegrar, en tanto que romeos, de la recaptura de Constantinopla en 1261, debido a que para ellos, lo mismo que para sus hermanos de Europa, la falta de su capital era como una espina clavada en la carne.
• Un avance por el Sur era inviable debido a que los recursos de Nicea no eran los mismos que los de la época Comnena. Meterse en Cilicia además suponía enmarañarse entre armenios y latinos antioqueños, sin mencionar que en algún punto se compartiría vecindario con mamelucos o mongoles.
• Lo malo de las repúblicas rapaces es que habían ganado tal poder naval y económico que casi nada se podía hacer en el Mediterráneo y el Egeo sin contar con ellas. Y aliarse con una significaba pelearse con la otra.
• La división política de los Balcanes favorecería la exaltación del basileo reinstaurado en Constantinopla como figura rectora de esa península.
• En cualquier caso, dejar una fortaleza tan importante como Constantinopla, a sólo 200 Km. de Nicea, ocupada por enemigos era sin duda dejar un flanco expuesto.
B) Detractores de Miguel VIII en tanto que emperador estadista:
• Los bizantinos tenían la suficiente experiencia como para saber que los turcos se levantarían con igual o mayor fuerza tras la debacle de 1243 (victoria mongola de Kose Dag, cerca de Teodosiópolis). Por ello, Miguel VIII se debería haber ocupado primero de reconquistar algunos territorios en el Este, especialmente al Sur (zona costera), o bien reforzar el limes defensivo sabiendo que el avance mongol generaba un desplazamiento de tribus turcas hacia el Egeo. Una campaña en Europa no sería ventajosa con 60 años de guerras que habían aniquilado económicamente la región. El estado de los Balcanes suponía entonces pueblos y etnias que luchaban en una especie de “todos contra todos”, con alianzas que se rompían de un día para otro, señores bizantinos que se desentendían olímpicamente de las directrices del emperador… la región era una ruina, un caos, y no suponía riqueza para el imperio de Nicea.
• La labor de Teodoro I Lascaris (1204-1222) y Juan III Ducas Vatatzes (1222-1254) había consolidado a Nicea tras una primer arremetida de los turcos rumi (selyúcidas). Nicea era el centro de poder y por tanto la zona a desarrollar y defender, frente a la opción balcánica de Constantinopla y su entorno, una tierra yerma e incontrolable, apetecida además por latinos, epirotas y búlgaros.
• La aseveración de que los latinos eran el principal enemigo es discutible, ya que su Imperio estaba moribundo y apenas controlaba algún territorio más allá de su capital, Constantinopla. Por otra parte, la coalición que los nicenos vencieron en Pelagonia era tan nutrida como incompatible. Así duró… y así le fue.
• En relación con las republicas comerciales, la clave era enfrentarlas entre sí y para eso no se necesitaba mucho. Si de ellas dependiese Venecia y Génova se destruirían entre sí.
• Finalmente, las operaciones en Europa y la reconstrucción de Constantinopla supusieron para el Imperio un gran gasto de recursos y hombres, que fueron sufragados con un altísimo costo por Nicea: debilitamiento de las fronteras orientales frente a las correrías de los nómades e impuestazo (que sería aplicado en beneficio de otra región). En este sentido se podría comparar la actuación de Miguel VIII con la de un Justiniano que, empeñado en recuperar Roma y la parte occidental (arruinada), envió tropas desde los Balcanes, sometiendo al pueblo a una tremenda presión fiscal para lograr su ideal de “restauratio imperii”.
• Al hablar de un avance niceno por el Sur se hace referencia a la costa ubicada entre Atalia y Efeso. Al Norte, tal avance podría haber tenido como objetivo el puerto de Sínope.
• Los menores recursos de los Lascaris comparados con los de los Comneno se habrían visto compensados por la decadencia de los rumi tras la batalla de Kose Dag. No era el mismo estado hacia el 1250 aquél que saliera airoso en Miriokefalon que el superviviente de Kose Dag.
• En los Balcanes, entretanto, la situación política era caótica. Todo señor, latino, bizantino, albano, búlgaro, servio… trataba de mantener su esfera de influencia y su autonomía. Las leyes y mandatos del basileo carecían de efecto pues los poderes locales no las aplicaban. Los pueblos cambiaban de mano varias veces en un mismo año. Ante tal situación lo primero era consolidar las posiciones nicenas poco a poco, como bien entendió Teodoro de Epiro, antes de tomar Constantinopla. Aún así poco se podía obtener de Europa en ese momento, y una regla lógica para aplicar habría sido no sacrificar la defensa de territorios prósperos y consolidados en pos de regiones arruinadas (es uno de los motivos por los que Justiniano también es odiado).
• El Occidente latino constituía una amenaza, pero en ese momento estaba descoordinado, como se vio en Pelagonia. En Europa las llamadas de auxilio del Imperio latino eran desoídas como lo serían las futuras del S. XV. Sólo tras su caída se pusieron en marcha planes e ideas de reconquista. Siguiendo con la comparación, Constantinopla era “tanta amenaza” para el Imperio de Nicea como lo sería más tarde para el Imperio turco, sólo era una ciudad arruinada que caería como una fruta madura una vez dominado y consolidado el dominio en los Balcanes.
• Por cierto no se puede negar que lo de las Vísperas Sicilianas fue el mejor truco para neutralizar a los latinos.
• En conclusión Miguel VIII cometió el error de separarse de la política asiática de los Lascaris y lanzarse a derrochar los recursos de Nicea en conquistas insostenibles, cuando lo más conveniente hubiera sido seguir centrado en Asia e ir ampliando el Imperio en ambos frentes con reconquistas paulatinas, consolidadas y beneficiosas. Amén de que su política religiosa fue muy mal recibida por la población que no le perdonó a este usurpador (pues así lo consideraban) que les metiera la mitra papal en casa, valiéndose del II Concilio de Lyon.
Conclusión:
Miguel VIII se valió de sus excelentes dotes de soldado y diplomático para reconstruir el Imperio Bizantino, pero encontró obstáculos prácticamente insalvables en el camino: ruina económica, sistema feudal enquistado, pronoia incondicional, odios exacerbados y una situación geopolítica completamente distinta donde su estado apenas era una potencia de tercera línea. La recaptura de Constantinopla, ambicionada por los bizantinos desde los días de la IV Cruzada, condicionó hasta su muerte, acaecida en 1282, toda su política exterior. Miguel fue en definitiva un producto de su época, amén de un auténtico bizantino.
Autor: Guilhem W. Martín. ©



Galo escribió
En efecto, Miguel VIII Paleólogo recurrió a la diplomacia y arrojó a sus aliados contra sus enemigos, ejemplo de Pedro III de Sicilia contra Carlos de Anjou, en las famosas “Vísperas Sicilianas” en las cuales muchos historiadores concuerdan que el oro de Nicea estaba detrás de la revuelta, además del patriotismo siciliano.
jORGE escribió
no te lo crees ni tu? Miguel VII insto al enfrentamiento entre los diferentes “reinos” o “estaos” a que se enfrentaran a el